Doce carreras al hilo para los Valverde
Los hermanos Emilio y Roy Valverde, ganaron la décima segunda carrera de automovilismo consecutiva de la categoría Super Turismo
Foto de Jorge Jimenez
Los hermanos Emilio y Roy Valverde, ganaron la décima segunda carrera de automovilismo consecutiva de la categoría Super Turismo (ST) tipo “endurance” –larga duración- llamada Los 250 Kilómetros Motul el sábado por la noche.
Sin embargo, si bien los Valverde mantuvieron el puesto de vanguardia a lo largo de las 81 vueltas que se corrieron al circuito largo del autódromo La Guácima -3300 metros- en realidad, el piloto de la fecha fue el belga Jean Heylen, quien fue compañero de equipo de Emilio en la recién realizada prueba de larga duración Las 24 Horas de Daytona en Estados Unidos.
Heylen dio una clase de manejo, velocidad y control de pista de La Guácima, como nunca antes ningún corredor nacional o extranjero había mostrado al tratar de superar a Emilio en las dos ocasiones que se enfrentaron.
Vale decir que Heylen compartió el volante con el piloto tico Giancarlo Valenciano en un auto Honda Civic.
Carrera para recordar
De acuerdo con el rol de dos cambios de pilotos, el europeo tomó la primera largada de manejo, en la que fue el gran rival de Emilio, quien sabiendo la calidad de rival que lo perseguía, buscó la mejor forma por mantenerlo a “raya”.
Así sucedió durante los primeros 20 minutos de carrera, -recuérdese que ganó la clasificación-logrando el nacional una distancia adelante de 3 segundos y 536 milésimas pero bajo un constante fuego de ataque de Jan.
Y vino en ese momento una bandera amarilla por un accidente. Salió a pista el “Pace car” mientras su sacaba el accidentado. Esta situación por lo general cambia la estrategia de los pilotos, porque esto obliga a todos los autos ir a la velocidad lenta del “Pace car”. Además nadie puede rebasar a otro rival y todos se juntan uno tras de otro y las diferencias de tiempo y espacio desaparecen; es como iniciar una carrera de nuevo cuando el auto insignia sale de la pista.
Y así sucedió porque vino de nuevo y más cerca la lucha de Jan por superar a “Milo”. Esto trajo como consecuencia que ambos se escaparon adelante de los demás 15 segs. 394 milésimas, Emilio primero y Jan segundo. Esta primera parte fue formidable.
El rudo duelo siguió así hasta la primera orden de cambio de pilotos. El belga entregó el volante a Giancarlo y “Milo” a su hermano Roy.
Y aquí cambio toda la estrategia. Valenciano, si bien es un piloto muy joven que ha ganado una gran experiencia en los últimos tres años de correr en ST, aun no tiene la capacidad de enfrentarse a Roy Valverde, cuyo equipo es muy experimentado no solo para preparar autos –paradójicamente preparan el auto de Valenciano y más adelante se verá el significado de esta situación- sino que también tienen una amplia experiencia para definir estrategias inmediatas de acuerdo a la situación de carrera.
Roy salió a la pista con una consigna: sabía que Valenciano no podría mantener el tren de trabajo que le aplicaría. Y cuanto más se fuera delante de él (Valenciano) serían segundos muy valiosos cuando Jan volviera a salir en la tercera y final parte de la carrera. Es decir, debía entregarle el auto a su hermano Emilio con una fuerte cantidad de segundos adelante, para que Jan se viera obligado a correr fuerte para alcanzarlo, mientras que “Milo” podría darse el lujo de cuidar el auto en el caso de que pudiera alcanzarlo y contar con maquina fresca.
Lo que faltaba para terminar la prueba, eran alrededor de 25 vueltas al circuito y cada segundo de más podría cambiar el resultado final de la carrera.
Dicho y hecho. Al momento del segundo y cambio final de pilotos, Roy había contabilizado 35 segundos de más sobre Valenciano que mantuvo el segundo lugar.
La matemática decía que 25 vueltas no eran suficientes para quitarse de encima 35 segundos, porque en el autódromo La Guácima, en el circuito largo y de noche, con una iluminación mortecina, hasta el momento no recordábamos si alguien lo había logrado, aun de día.
Pero Jan Heylen nos demostró que es posible para un piloto profesional, de mucha experiencia mundial. Y eso fue la emoción de la carrera.
El belga dijo “aquí voy Emilio” y empezó a desquitarse tiempo como nunca lo habíamos visto en La Guácima, aun con los motores más poderosos, bien preparados y con pilotos de alta calidad como han pasado por nuestra pista tanto nacionales como foráneos.
Llegó un momento, cuando faltaban 9 vueltas para terminar la prueba en que llegamos a creer en que íbamos a ver un final de fuego, cuando Jan bajó la diferencia con “Milo” de 35 segundos a 12 y 870 milésimas cuando habían pasado 2 horas y 6 minutos de carrera y estaba a punto de finalizar.
Sin embargo, como buenos conocedores de nuestro deporte, sabíamos que este esfuerzo cobraría un duro costo con interés caros: el gasto de gasolina.
Y el pero de siempre llegó: el reloj que marca el combustible se acostó totalmente y Jan debió salir al reabasto. Se acabó la emoción tan esperada por el público de disfrutar un final de adrenalina pura.
El europeo volvió a la pista y aun mantenía el segundo lugar y nótese lo lejos que venían “Milo” y Jan de los demás, que con una distancia del primer lugar de 40 segundos 251 milésimas ganó la segunda posición.
Fue una carrera muy distinta, donde privó dos situaciones muy notorias: la gran calidad del piloto belga y la estrategia de los Valverde. Fue una muy buena competencia que prueba que las Las Tres Hora de Costa Rica se pueden volver a correr en toda su extensión y no en pequeños tiempos.
Y el final: cómo corre ese auto de Giancarlo Valenciano. Soportó el fuerte azote que le aplicó un piloto de alta calidad como Jan y le permitió bajar los tiempos en una forma increíble. Si algo puede decirse a ciencia cierta es que está bien preparado para mucho más.
¡Giancarlo: ahora ya sabe que le puede sacar el jugo al máximo al Honda. Esto se lo dejaron bien claro y siéntase orgullo de ese auto!
Ese era el punto vital que queríamos hacer notar, porque para soportar una carrera como la que hizo Jan, se necesitaba primero que nada un buen auto…y lo tuvo.
Ahh…y usted que no fue a ver esta carrera, se perdió una las buenas en la historia del autódromo La Guácima.


