La Jungla de Asfalto: El Miedo Mismo
Publicado: 10 Abr 2006 22:54
La Jungla de Asfalto: El Miedo Mismo
Cuando se trata de los precios de la gasolina, la ciencia y los noticiarios no combinan bien
Peter Jennings puso su “cara de noticiero #3: serio y acongojado” cuando anunció en “ABC World News Tonight” el año pasado que los precios de la gasolina habían llegado a “cerca de dos dólares por galón, lo cual es ciertamente un récord”. Tom Brokaw ponderaba: “ ¿A quién culpar por los altísimos precios de la gasolina?” Dan Rather aseveró que los precios de la gasolina estaban a “alturas récord”. Otros comentaristas y muchos periodistas están de acuerdo. Parece que los altos precios amenazan con arruinar el “estilo de vida americano” más rápido que los reality shows.
No voy a decir que ver “Joe Millionaire” no tiene efectos adversos, pero en lo que se refiere a los precios de la gasolina, deberíamos estar celebrando con Dom Perignon. La gasolina es barata. De hecho, es mucho más barata actualmente que en muchos otros lugares en el siglo pasado —ya sabe, como en “los buenos viejos tiempos”.
Un niño de tres años vería los precios de una hamburguesa de McDonald’s en 1961 (15 centavos de dólar) y actualmente (96 centavos) y llegaría a la conclusión de que ahora “cuestan más”. Parecería entonces que son niños de tres años quienes escriben las noticias en las grandes agencias ya que ése es el nivel de comprensión que hay detrás de las asustadas aseveraciones de que “los precios de la gasolina están a alturas récord”.
Lo que los noticiarios en TV no hacen es ajustar los precios de la gasolina a la inflación. La Administración de Información de Energéticos de EE UU (EIA, en inglés) (http://www.eia.doe.gov) sí lo hace, y su información está disponible para cualquiera con la diligencia suficiente como para pasar unos minutos haciendo una búsqueda en Google para encontrarlos. Según las cifras de la EIA (ajustadas en dólares para 2005), el precio promedio para un galón de gasolina el año pasado en EE UU era de US$1.89. Tal vez se sienta impactado mientras ve los números pasar en la gasolinera como si fueran los de una máquina tragamonedas al llenar el tanque de un SUV, pero no debería sentirse así. Estamos bien. A la gente le encanta recordar los días cuando la gasolina costaba menos de 25 centavos, pero en dólares ajustados, esa gasolina “barata” de, digamos, 1946, costaba US$2.05 el galón. En fechas tan recientes como 1985, el precio ajustado era de US$2.09 el galón, incluso más alto que durante el temido embargo del petróleo entre 1973 y 1974. ¿Quiere deprimirse más? En 1922 el precio real de un galón de gasolina era de casi tres dólares, y ni siquiera podía comprarse un martini legalmente. Con razón mi abuelo se quejaba tanto de su Studebaker.
Las buenas noticias no terminan con los costos moderados de la gasolina. También gastamos menos de nuestros ingresos en gasolina que nuestros antepasados. El año pasado, el Wall Street Journal reportó que los precios de la gasolina no sólo eran más altos en 1981 que en 2003 (US$2.36 versus US$1.73), sino que el PIB per cápita nacional real era más bajo (US$24,369 versus US$39,919). Traducción: los precios de la gasolina en 2003 eran sólo el 45 por ciento de lo que representaban en relación al ingreso en 1981.
¿Sigue descontento? ¿Qué tal si los precios permanecieran en un rango razonable? El fallecido economista Julian L. Simon argüía en su libro “The Ultimate Resource 2” (El último recurso 2) sobre la importancia de las tendencias a largo plazo. Escribió que, exceptuando algunos picos, los precios de la gasolina decayeron durante el siglo XX y que esa tendencia podría continuar durante el siglo XXI.
Los fatalistas piensan de otra manera (en 1977, el presidente Jimmy Carter proclamó: “Podríamos acabar con las reservas de petróleo del mundo entero para finales de la próxima década”). Pero ninguno de ellos toma en cuenta un elemento crucial: el ingenio humano. La humanidad desarrolla tecnologías nuevas constantemente (los pozos petroleros en alta mar eran desconocidos en la década de 1920), encuentra nuevas reservas (Rusia descubrió un yacimiento enorme), y mejora los procesos de producción.
A los medios les gustan las malas noticias —ayuda a subir las ventas—, pero me inclino a estar de acuerdo con Franklin D. Roosevelt: “Lo único a lo que debemos temer es al temor mismo”.
Bueno, quizá no sea lo único. Me enteré de que están planeando una nueva versión de “Big Brother”.
Cuando se trata de los precios de la gasolina, la ciencia y los noticiarios no combinan bien
Peter Jennings puso su “cara de noticiero #3: serio y acongojado” cuando anunció en “ABC World News Tonight” el año pasado que los precios de la gasolina habían llegado a “cerca de dos dólares por galón, lo cual es ciertamente un récord”. Tom Brokaw ponderaba: “ ¿A quién culpar por los altísimos precios de la gasolina?” Dan Rather aseveró que los precios de la gasolina estaban a “alturas récord”. Otros comentaristas y muchos periodistas están de acuerdo. Parece que los altos precios amenazan con arruinar el “estilo de vida americano” más rápido que los reality shows.
No voy a decir que ver “Joe Millionaire” no tiene efectos adversos, pero en lo que se refiere a los precios de la gasolina, deberíamos estar celebrando con Dom Perignon. La gasolina es barata. De hecho, es mucho más barata actualmente que en muchos otros lugares en el siglo pasado —ya sabe, como en “los buenos viejos tiempos”.
Un niño de tres años vería los precios de una hamburguesa de McDonald’s en 1961 (15 centavos de dólar) y actualmente (96 centavos) y llegaría a la conclusión de que ahora “cuestan más”. Parecería entonces que son niños de tres años quienes escriben las noticias en las grandes agencias ya que ése es el nivel de comprensión que hay detrás de las asustadas aseveraciones de que “los precios de la gasolina están a alturas récord”.
Lo que los noticiarios en TV no hacen es ajustar los precios de la gasolina a la inflación. La Administración de Información de Energéticos de EE UU (EIA, en inglés) (http://www.eia.doe.gov) sí lo hace, y su información está disponible para cualquiera con la diligencia suficiente como para pasar unos minutos haciendo una búsqueda en Google para encontrarlos. Según las cifras de la EIA (ajustadas en dólares para 2005), el precio promedio para un galón de gasolina el año pasado en EE UU era de US$1.89. Tal vez se sienta impactado mientras ve los números pasar en la gasolinera como si fueran los de una máquina tragamonedas al llenar el tanque de un SUV, pero no debería sentirse así. Estamos bien. A la gente le encanta recordar los días cuando la gasolina costaba menos de 25 centavos, pero en dólares ajustados, esa gasolina “barata” de, digamos, 1946, costaba US$2.05 el galón. En fechas tan recientes como 1985, el precio ajustado era de US$2.09 el galón, incluso más alto que durante el temido embargo del petróleo entre 1973 y 1974. ¿Quiere deprimirse más? En 1922 el precio real de un galón de gasolina era de casi tres dólares, y ni siquiera podía comprarse un martini legalmente. Con razón mi abuelo se quejaba tanto de su Studebaker.
Las buenas noticias no terminan con los costos moderados de la gasolina. También gastamos menos de nuestros ingresos en gasolina que nuestros antepasados. El año pasado, el Wall Street Journal reportó que los precios de la gasolina no sólo eran más altos en 1981 que en 2003 (US$2.36 versus US$1.73), sino que el PIB per cápita nacional real era más bajo (US$24,369 versus US$39,919). Traducción: los precios de la gasolina en 2003 eran sólo el 45 por ciento de lo que representaban en relación al ingreso en 1981.
¿Sigue descontento? ¿Qué tal si los precios permanecieran en un rango razonable? El fallecido economista Julian L. Simon argüía en su libro “The Ultimate Resource 2” (El último recurso 2) sobre la importancia de las tendencias a largo plazo. Escribió que, exceptuando algunos picos, los precios de la gasolina decayeron durante el siglo XX y que esa tendencia podría continuar durante el siglo XXI.
Los fatalistas piensan de otra manera (en 1977, el presidente Jimmy Carter proclamó: “Podríamos acabar con las reservas de petróleo del mundo entero para finales de la próxima década”). Pero ninguno de ellos toma en cuenta un elemento crucial: el ingenio humano. La humanidad desarrolla tecnologías nuevas constantemente (los pozos petroleros en alta mar eran desconocidos en la década de 1920), encuentra nuevas reservas (Rusia descubrió un yacimiento enorme), y mejora los procesos de producción.
A los medios les gustan las malas noticias —ayuda a subir las ventas—, pero me inclino a estar de acuerdo con Franklin D. Roosevelt: “Lo único a lo que debemos temer es al temor mismo”.
Bueno, quizá no sea lo único. Me enteré de que están planeando una nueva versión de “Big Brother”.