24 Horas de Le Mans - Historia & Leyenda
Publicado: 14 Dic 2005 22:17
24 Horas de Le Mans - Historia & Leyenda
Ésta es una de las competencias que más apasiona y que mayores emociones produce, donde el vértigo y la adrenalina son los protagonistas. Se llama Le Mans y se corre en Francia desde 1923.
Grandes carreras hay muchas… Indianápolis 500, el Gran Prix de Mónaco, Las 500 Millas de Daytona, Las Mille Miglia, La Targa Florio, el Rally de Montecarlo o el París-Dakar. Y si bien todas son míticas y legendarias, también tienen en común el hecho de estar detrás de la única, la suprema: las 24 Horas de Le Mans. Nos guste o no, en automovilismo se acepta universalmente que no hay carrera como ésta. Quizá se haya visto arrinconada cuando alguna de sus ediciones no haya sido tan emocionante como otras o que en ocasiones la reglamentación buscara desplazar a los Sport Prototipos en favor de los F1, pero esto no es óbice para que las 24 Horas de Le Mans sigan siendo especiales.
Septuagenaria vital
Debemos remontarnos al año 1923 para encontrar el origen de esta carrera en el legendario circuito de La Sarthe, en las proximidades de la población que da nombre a la clásica. Desde que el Automobile Club D´Quest organizó una carrera en la que los autos compitieran sin para 24 horas seguidas, excepto para pequeñas reparaciones o para cambio de piloto, esta carrera ha tejido su propia leyenda y contribuido a que algunas marcas se hicieran famosas y conocidas en todo el mundo. El final de los años 20 y principio de los 30 fue la época sagrada para los Bentley, tan competitivos que hicieron expresar al mito local, Ettore Bugatti, después de una derrota de sus autos, que los ingleses eran “los camiones más rápidos del mundo”. Posteriormente, en 1939, Bugatti ganaría Le Mans con uno de sus pilotos menos apreciados, Pierre Veyron, en cuya memoria se bautizó el Bugatti más sublime de todos y la joya de la corona automotriz de hoy: el 16/4.
Los años cincuenta fueron para Jaguar, cinco veces ganador con modelos que hoy son de colección, los D-Type, que tenían un estilizada y aplanchada silueta heredada de los deportivos GT como el XK-E.
Lamentablemente, en 1955 ocurre la mayor tragedia registrada en pruebas automovilísticas. Caía la tarde y el inglés Mike Hawthorn, con un Jaguar, pugnaba por mantenerse adelante de los Mercedes 300SLR. A su vez, Juan Manuel Fangio permite que Pierre Levegh le supere para no fatigarse en la noche y el francés acosa Hawthorn ante la presión de un Austin rezagado justo antes de entrar a pits.
Con los Mercedes cerca, el inglés no quiere perder ni siquiera los instantes que le tomará superar al rezagado con precaución y cuando lo hace, gira bruscamente hacia la derecha para entrar a box. El piloto del Austin se ve sorprendido, pero al tratar de esquivar se pone frente a la trayectoria de Levegh quien sólo alcanza a sacar el brazo para indicarle a Fangio que vire a la izquierda. El argentino reacciona por instinto y Levegh, después de embestir al Austin, se incendia y se estrella contra la tribuna. Murió junto con ochenta espectadores.
En medio de la estrella
Fue necesario esperar hasta 1989 para ver una Silberpfeile imponerse en Le Mans. Hasta entonces habían ocurrido muchas cosas, como los duelos que en los años sesenta enfrentaron a Ford y Ferrari con autos míticos como los 250 GTO, 250 LM o GT40 diseñados por John Wyer, que ganaron entre 1966 y 1969, época en que se incluye el primer triunfo de un equipo americano conformado por Dan Gurney y Anthony Foyt en 1967. Luego vino el fabuloso triunfo de Matra con Gerard Larrousse y Henri Pescarolo y la impresionante alegría de Didier Pironi cuando, también al lado de Pescarolo, venció en 1978 con un Renault Alpine Turbo. Sin embargo, eran los años de Porsche, marca que convirtió Le Mans en su predio y en donde ganó cuantas veces quiso con los 917, los 935, 936, 956 y 962. Héroes míticos de esta carrera son los británicos Derek Bell, tres veces ganador de la clásica, y Jacky Ickx, vencedor en seis ocasiones con autos y reglamentos bastante diferentes. En tiempos modernos el francés Yannick Dalmas ha sido el único en acercarse a la formidable marca del belga.
Durante años Le Mans formó parte del Campeonato Mundial de Sport, pero a lo largo del tiempo este certamen empego a tener altibajos que no alcanzaron afectar el futuro de la mítica carrera. Sin embargo, en ocasiones se intentó reorientar este campeonato bajo otros términos, como Sport Prototipos, Prototipos, GT, GT1, Resistencia y Siluetas, a veces sin consenso e incluso sin calendario, situación que provocó que algunas ediciones de las 24 Horas en los años 80 no formaran parte de ningún Campeonato Mundial. En tiempos resientes y a raíz de un reordenamiento de las disciplinas deportivas, pero especialmente porque el público clama por el espectáculo de ver un Prototipo GT (cualquiera sea el nombre que el reglamento les dé), vuelve a realizarse un Campeonato Mundial abierto a autos de este tipo, conocido como el American Le Mans Series. Esta categoría, una especie de combinación euroamericana de carreras para deportivos de tipo GT o barquetas, está abierta a varias disciplinas y tiene dos pruebas reina: las 24 Horas de Daytona en EE.UU. y las 24 Horas de Le Mans. En esta etapa, a finales de los años 90, Audi tomó el relevo dejado por Mercedes Benz, Jaguar y Peugeot.
Ausente Porsche, el orgullo alemán estuvo primero representado por BMW, que se impuso en 1999, y posteriormente por Audi, con sus R8 que dominaron tres clásicas “al hilo” ocupando las tres primeras plazas. Un año de paréntesis mostró el regreso de Bentley, tras varias décadas de ausencia, pero la verdad es que los autos británicos en realidad eran Audi R8 con carrocería coupé y diferente distancia entre ejes para aprovechar un espacio en el reglamento, inscritos a su vez por el Grupo VW que ya había preparado el relanzamiento de esta marca en 1999, por lo cual consideró que el retorno de imagen obtenido con una victoria en Le Mans 2003 ayudaría a la tarea.
Cubierta la exigencia comercial, Audi regresa a La Sarthe con sus activos intactos, incluyendo los pilotos que consolidaron esta hegemonía. Uno de los mágicos argumentos de Le Mans es la cuota de exigencia que impone sobre autos, pilotos y mecánicos. A lo largo de 24 horas todos pueden demostrar sus aptitudes, bien sea desarrollando autos de excelente rendimiento, reparando algún desperfecto sin perder tiempo precioso, sorteando las dificultades como el clima o los rivales q se presentan por el camino, o aguantando estoicamente que el reloj marque las cuatro de la tarde del domingo, hora en la cual termina la clásica y comienzan los festejos, los cuales se realizan aunque no se gane, pues estar en pista a esa hora es un momento sublime del automovilismo y quienes corren lo sienten así.
Ésta es una de las competencias que más apasiona y que mayores emociones produce, donde el vértigo y la adrenalina son los protagonistas. Se llama Le Mans y se corre en Francia desde 1923.
Grandes carreras hay muchas… Indianápolis 500, el Gran Prix de Mónaco, Las 500 Millas de Daytona, Las Mille Miglia, La Targa Florio, el Rally de Montecarlo o el París-Dakar. Y si bien todas son míticas y legendarias, también tienen en común el hecho de estar detrás de la única, la suprema: las 24 Horas de Le Mans. Nos guste o no, en automovilismo se acepta universalmente que no hay carrera como ésta. Quizá se haya visto arrinconada cuando alguna de sus ediciones no haya sido tan emocionante como otras o que en ocasiones la reglamentación buscara desplazar a los Sport Prototipos en favor de los F1, pero esto no es óbice para que las 24 Horas de Le Mans sigan siendo especiales.
Septuagenaria vital
Debemos remontarnos al año 1923 para encontrar el origen de esta carrera en el legendario circuito de La Sarthe, en las proximidades de la población que da nombre a la clásica. Desde que el Automobile Club D´Quest organizó una carrera en la que los autos compitieran sin para 24 horas seguidas, excepto para pequeñas reparaciones o para cambio de piloto, esta carrera ha tejido su propia leyenda y contribuido a que algunas marcas se hicieran famosas y conocidas en todo el mundo. El final de los años 20 y principio de los 30 fue la época sagrada para los Bentley, tan competitivos que hicieron expresar al mito local, Ettore Bugatti, después de una derrota de sus autos, que los ingleses eran “los camiones más rápidos del mundo”. Posteriormente, en 1939, Bugatti ganaría Le Mans con uno de sus pilotos menos apreciados, Pierre Veyron, en cuya memoria se bautizó el Bugatti más sublime de todos y la joya de la corona automotriz de hoy: el 16/4.
Los años cincuenta fueron para Jaguar, cinco veces ganador con modelos que hoy son de colección, los D-Type, que tenían un estilizada y aplanchada silueta heredada de los deportivos GT como el XK-E.
Lamentablemente, en 1955 ocurre la mayor tragedia registrada en pruebas automovilísticas. Caía la tarde y el inglés Mike Hawthorn, con un Jaguar, pugnaba por mantenerse adelante de los Mercedes 300SLR. A su vez, Juan Manuel Fangio permite que Pierre Levegh le supere para no fatigarse en la noche y el francés acosa Hawthorn ante la presión de un Austin rezagado justo antes de entrar a pits.
Con los Mercedes cerca, el inglés no quiere perder ni siquiera los instantes que le tomará superar al rezagado con precaución y cuando lo hace, gira bruscamente hacia la derecha para entrar a box. El piloto del Austin se ve sorprendido, pero al tratar de esquivar se pone frente a la trayectoria de Levegh quien sólo alcanza a sacar el brazo para indicarle a Fangio que vire a la izquierda. El argentino reacciona por instinto y Levegh, después de embestir al Austin, se incendia y se estrella contra la tribuna. Murió junto con ochenta espectadores.
En medio de la estrella
Fue necesario esperar hasta 1989 para ver una Silberpfeile imponerse en Le Mans. Hasta entonces habían ocurrido muchas cosas, como los duelos que en los años sesenta enfrentaron a Ford y Ferrari con autos míticos como los 250 GTO, 250 LM o GT40 diseñados por John Wyer, que ganaron entre 1966 y 1969, época en que se incluye el primer triunfo de un equipo americano conformado por Dan Gurney y Anthony Foyt en 1967. Luego vino el fabuloso triunfo de Matra con Gerard Larrousse y Henri Pescarolo y la impresionante alegría de Didier Pironi cuando, también al lado de Pescarolo, venció en 1978 con un Renault Alpine Turbo. Sin embargo, eran los años de Porsche, marca que convirtió Le Mans en su predio y en donde ganó cuantas veces quiso con los 917, los 935, 936, 956 y 962. Héroes míticos de esta carrera son los británicos Derek Bell, tres veces ganador de la clásica, y Jacky Ickx, vencedor en seis ocasiones con autos y reglamentos bastante diferentes. En tiempos modernos el francés Yannick Dalmas ha sido el único en acercarse a la formidable marca del belga.
Durante años Le Mans formó parte del Campeonato Mundial de Sport, pero a lo largo del tiempo este certamen empego a tener altibajos que no alcanzaron afectar el futuro de la mítica carrera. Sin embargo, en ocasiones se intentó reorientar este campeonato bajo otros términos, como Sport Prototipos, Prototipos, GT, GT1, Resistencia y Siluetas, a veces sin consenso e incluso sin calendario, situación que provocó que algunas ediciones de las 24 Horas en los años 80 no formaran parte de ningún Campeonato Mundial. En tiempos resientes y a raíz de un reordenamiento de las disciplinas deportivas, pero especialmente porque el público clama por el espectáculo de ver un Prototipo GT (cualquiera sea el nombre que el reglamento les dé), vuelve a realizarse un Campeonato Mundial abierto a autos de este tipo, conocido como el American Le Mans Series. Esta categoría, una especie de combinación euroamericana de carreras para deportivos de tipo GT o barquetas, está abierta a varias disciplinas y tiene dos pruebas reina: las 24 Horas de Daytona en EE.UU. y las 24 Horas de Le Mans. En esta etapa, a finales de los años 90, Audi tomó el relevo dejado por Mercedes Benz, Jaguar y Peugeot.
Ausente Porsche, el orgullo alemán estuvo primero representado por BMW, que se impuso en 1999, y posteriormente por Audi, con sus R8 que dominaron tres clásicas “al hilo” ocupando las tres primeras plazas. Un año de paréntesis mostró el regreso de Bentley, tras varias décadas de ausencia, pero la verdad es que los autos británicos en realidad eran Audi R8 con carrocería coupé y diferente distancia entre ejes para aprovechar un espacio en el reglamento, inscritos a su vez por el Grupo VW que ya había preparado el relanzamiento de esta marca en 1999, por lo cual consideró que el retorno de imagen obtenido con una victoria en Le Mans 2003 ayudaría a la tarea.
Cubierta la exigencia comercial, Audi regresa a La Sarthe con sus activos intactos, incluyendo los pilotos que consolidaron esta hegemonía. Uno de los mágicos argumentos de Le Mans es la cuota de exigencia que impone sobre autos, pilotos y mecánicos. A lo largo de 24 horas todos pueden demostrar sus aptitudes, bien sea desarrollando autos de excelente rendimiento, reparando algún desperfecto sin perder tiempo precioso, sorteando las dificultades como el clima o los rivales q se presentan por el camino, o aguantando estoicamente que el reloj marque las cuatro de la tarde del domingo, hora en la cual termina la clásica y comienzan los festejos, los cuales se realizan aunque no se gane, pues estar en pista a esa hora es un momento sublime del automovilismo y quienes corren lo sienten así.








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