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Parque Viva

La Guácima : vieja y nueva historia

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Desde 1972, iniciamos la historia del autódromo La Guácima, que pareció desaparecer tres veces, pero a pesar de los momentos ingratos para el automovilismo, hoy iniciamos otra historia que parece ser la misma. Pero esperamos que sea la última…

En el año 1972, un grupo de personas que podríamos llamar fiebres del deporte de   motor –y que ya eran verdaderos pilotos de carreras de circuito automovilístico, carreras de subidas de velocidad, rally y  kartismo, que iniciaron estas disciplinas de velocidad desde 1955-, les llegó el momento de pensar en construir un centro, que permitiera correr sin problemas, pues el único donde competían con permiso de entidades estatales, era el óvalo alrededor del Estadio Nacional.

Eso se inició el año 1967,  solicitando a la Dirección General de Deportes –cuyo Director le gustaba el motor- la Dirección General de Tránsito y otras más, con cierta buena voluntad.

Pero el automovilismo deportivo, si bien era muy agradable para el publico que llenaba a la una de la tarde de los domingos , -hora  de inicio de las carreras- todo el óvalo después de terminados los partidos de futbol del Estadio.

Pero del año 1967 en adelante, el avance de tecnología, pilotos cada año más expertos, más capacidad de los mecánicos y claro, más velocidad y dura pelea de autos, asustó  a las entidades que dieron permiso y así empezó la presión que hizo prácticamente que la Asociación Costarricense de Automovilismo (ACEA)  se vió obligada a salir  del pequeño centro de velocidad.

Realmente fue una gran suerte, que no hubo nunca un  peligroso accidente, que aún, no entendemos cómo no sucedió una muerte, porque el público nunca se corrió atrás, ni siquiera un centímetro de la cuneta de la calle, donde pasaban los autos levantando hasta el polvo. Si hubiera pasado, el automovilismo de aquellos tiempos apenas, sería un lejano recuerdo. Para quienes vivimos esos momentos, no entendemos cómo nada pasó…fue más en La Guácima.

La lucha por un verdadero autódromo

Cuando llegó el momento de tener que salir del óvalo del Estadio, ACEA, ya era una entidad bien organizada y también muchas personas asociadas con deseos de no perder este deporte.

Si tuvieramos que hacer una lista de todos los que trabajaron para conseguir el dinero y  los medios, para comprar un  terreno que sirviera para hacer un verdadero autódromo y los muchos esfuerzos, tales como fundar una sociedad anónima para que un banco prestara el dinero, pues francamente, debemos decir que el aprecio por el automovilismo de quienes se esforzaron, merecen un reconocimiento. Quienes aportamos nuestro apoyo, aunque pequeño, a pesar de los muchos cambios sucedidos a través de muchos años, seguimos orgullosos de tener un centro deportivo, pues a pesar de los momentos difíciles por perderlo, nos sentimos bien de mantener este deporte.

Seguridad futura 

Desde 1972 el antiguo autódromo La Guácima –nombre que siempre recordaremos- ha hecho esfuerzos para vivir.

El primero, desde luego fue lograr su compra y construcción que no fue fácil el diseñó. Valga decir que lo hizo un ingeniero nacional, que podemos definir como uno de los mejores pilotos de automovilismo costarricense y centroamericano. Fue Jorge Arturo Valverde, quien fue campeón nacional y centroamericano, así como de las Cuatro Horas de Panamá y mucho más. Por su profesión, no siguió compitiendo, pero dejó una excelente historia deportiva además de contruir La Guácima.

En un principio, el diseño mostraba un centro de recreo para familias, restaurante y muchas otras formas de convertirlo no solo en un autódromo. Pero eso fue difícil y con muchos problemas, solo se hizo la primera pista de 2200 metros de longitud, que fue con el que se inauguró el 14 de julio de 1974.

Fue un llenazo de público, pues la carrera fue muy buena por la participación de pilotos y autos de El Salvador y Costa Rica en su mayoría, aunque vinieron algunos de Guatemala, Honduras, México, Estados Unidos y Colombia.

La carrera fue la tercera del campeonato centroamericano. Las categorías fueron las siguientes: Turismo de serie absoluto, ganada por el salvadoreño Enrique Molins (Jamsal) con un auto Alfa Romeo GTV; Clase B de 701 a 1000 c.c. ganada por el costarricense Juan Antonio Simón con un Toyota Pick Up;  Clase C, de 1001 a 1300 c.c. ganada por el costarricense llamado Aljone (joven que no quería poner el nombre) con un pick Up Datson; Clase  D, de 1301 a 1600 c.c. ganada por el salvadoreño Fomfor (de grato recuerdo) con un Alfa Romeo SPD; Clase E, de 1601 a 2000 c.c. ganada por el salvadoreño Enrique Molins, con un Alfa Romeo GTV; Clase F, de 2001 a 3000 c.c. ganada por el mexicano José A. con un Datsun  240Z; Clase A, de 0 a 1600, ganada por el norteamericano Phil Sanders con un auto  Fórmula Ford; Clase B,  de 1601 en adelante, ganada por Robert Forgenson, con una Fórmula Vee de los Estados Unidos.

En la máxima categoría para campeonato centroamericano,  el Turismo Modificado, lo ganó el salvadoreño Eduardo Meléndez,  álias Guayo,  con un auto BMW Alpina; Clase A de 0 a 1000 c.c., ganó el guatemalteco Jorge Shippers, con un Toyota Pick Up; Clase B  de 1001 a 1300 c.c. ganó el costarricense  Carlos (Kikos) Fonseca, con un Pick Up Datsun;  Clase C, de 1301 a 1600 c.c. Freddy Alvarado (de grato recuerdo) de Costa Rica ganó con Toyota Levin especial; Clase D, de 1601 a 2000 c.c. ganó Eduardo (Guayo) Meléndez con un BMW Alpina; Clase de 2000 a 3000 c.c. ganó el panameño Rodrigo Terán –por primera vez que vino a Costa Rica- con un Porsche  911-S.

En realidad, los centroamericanos nos ganaron la mayoría de categorías en esta ocasión. Sin embargo, fue un inicio que despertó fuertemente al automovilismo nuestro, porque teníamos una pista para entrenar en toda forma. Diríamos, fue el despertar del automovilismo tico.

Desde luego que el autòdromo no fue tan cómodo como muchos asistentes esperaban porque no lo conocían.  Querían algo así como un óvalo tipo Nascar con todo el confort, comidas, tranquilidad y sobre todo unas buenas galerías. Pero no. El autódromo se abrió porque era necesario para mejor el deporte y sobre todo, porque ya no había donde competir.

Sin embargo, al paso de los años, no había medios para terminar los faltantes como galerías, lugares donde vender comidas y bebidas, un centro de recreación. Hubo que aceptar lo que teníamos con los pocos arreglos que se hicieron pero después de todo, estabamos satisfechos porque había donde competir y prepararnos más para competir internacionalmente.

Pero hay una situación que muchos no han notado y es que el autodromo La Guácima, hizo despertar también al resto de los países centroamericanos. Para el año 1979, los salvadoreños inauguraron un formidable autódromo llamado El Jabalí, que puso a trabajar fuerte los pilotos y mejorar su automovilismo. Posteriormente, al paso del tiempo, los guatemalteco también hicieron un nuevo autódromo, que ha puesto a trabajar carreras muy buenas.

No obstante, hay algo que nadie ha tomado en cuenta y se  llama Las Tres Horas de Costa Rica. Esa idea, cuyo maestro fue Jacindo Xirinachs, uno de los pilotos iniciadores del automovilismo tico, se le ocurrió que hacer esa competencia todos los años, con invitaciones internacionales, traería muchos pilotos a nuestro país y resultó: Las Tres Horas de Costa Rica fueron altamente conocidas y le dió un gran prestigio a nuestro país.

Autos y pilotos de Estados Unidos, Puerto Rico, República Dominicana, Venezuela, Colombia, México, Centroamérica y otros países con autos de gran calidad y potencia, los vimos aquí, en La Guácima y nuestro automovilismo logró un gran avance para nuestros pilotos, técnicos y desde luego, mucho publico. Y bueno, todavía falta algo de esta historia.

Los inesperados cambios 

Haciendo a un lado por ahora Las Tres Horas de Costa Rica, La Guácima sufrió dos cambios y ambos tenían tenían buenas ideas.

El primero fue en la década de los años 80. Si bien se lograba hacer funcionar el autódromo con buenas ideas, no se podía llegar a lo que  se pretendió en los años 70. Para contarlas, habría que hacer un libro. Mejor hablemos del año 1987, cuando Javier Quirós, uno de los pilotos  fuertes del automovilismo tico, decidió hacerse cargo del autódromo para refaccionarlo y convertirlo en un verdadero centro deportivo automovilístico internacional. Este fue el segundo arranque de La Guácima y de millones de colones.

Aqui sí podemos decir que La Guácima se convirtió en un formidable autódromo como no esperabamos. Javier Quirós, de 2000 metros  pasó la pista a 3200 con la famosa curva del lago, al lado norte del gran terreno.  Amplió de 8 a 12 metros de ancho la pista. Hizo un sinnúmero de cambios cómodos para el público, altas ballas para evitar que nadie pasara a la pista, servicios sanitarios y una larga lista de mejoras. El cambio fue total y eso trajo un gran reconocimiento del público y personajes internacionales.

Ahora sí teníamos un verdadero centro automovilístico  internacional  que atrajo grandes carreras,  tal como las GT de las Américas de gran reconocimiento internacional, los 250 Kilómetros Kodak y otras actividades de gran valor.

Pero  en 1995, después de seis años de empuje formidable de Javier Quirós, decidió vender  un autódromo de gran valor deportivo y prestigio. Las razones, aún las ignoramos.

Pero más que eso, no fue como decimos: nos cayó un valde de agua, sino casi una desesperación total para el automovilismo costarricense, que en ese momento tenía un apogeo de gran prestigio internacional. Y La Guácima se vendió.

Pasaron cinco años, en los cuales nadie sabía que iba realmente a pasar con La Guácima, que estaba abandonada por el nuevo dueño, debido que sostenía una quereña judicial muy fuerte. Todo parecía que terminaría en manos de otras manos, para otras ideas. Todo indicaba en decir: adios automovilismo deportivo.

Tercer cambio maravilloso

Todo estaba listo: nunca volveremos a ver a nuestros pilotos, Las Tres Horas de Costa Rica, los cuartos de milla, las motos Super Bike, y todo lo más que había costado no solo  cientos de millones, sino también el gran esfuerzo de agencias de autos, pilotos, cuidado de un autódromo de gran calidad y tantas personas que trabajaron con gran aprecio por este deporte. Era doloroso perder tanto esfuerzo y tanto deporte.

Pero increíblemente, de repente una persona, con la espada en la mano, llegó a defender el automovilismo deportivo cuando todo estaba perdido. Con un gran espíritu, entró a la querella, y si bien nunca nos ha contado cómo defendió el deporte que él no solo practica sino que lo quiere,  salvó las 40 hectareas que forman La Guácima.

Hay que reconocerle a Carlos Rodríguez cómo dió el alma a todos los seguidores de su deporte y agradecérselo siempre. Y no solo hizo eso. La Guácima, cuando la recobró, tenía más de cinco años de abandono y su estado era insoportable. Ante eso, se dedicó no solo a limpiarla sacando más de 35 vagonetas de basura, sino también enzacatando areas para ponerlas elegante, sacando grandes cantidades de barro para bajar sectores que convirtió en centros técnicos bien definidos para autos de carreras y tantas más acciones  que La Guácima se transformó en un elegante centro deportivo, con comodidad para el público y competidores. Mucho años se disfutró de estos deportes motorizados.

Cuarto cambio: otro susto

Pero parece que La Guácima tiene un hechizo. Diez años después más o menos, por razones que quedan en el silencio,  de nuevo La Guácima se pone en venta y así sucedió: cambió de dueños. Un nuevo susto para el mundo del motor tico.

Sin embargo, no pasó lo mismo del tercer cambio. Los nuevos dueños, si bien determinaron un sinnúmero de acciones especiales en La Guácima –lugar que le cambiaron el nombre- definieron que siempre dejarían un centro especial para las competencias de deportes de motor.

De hecho, se construyó una pista, que si bien es más corta que la antigua, fue diseñada para una nueva forma de competencia de automovilismo y otros deportes similares.

Y ayer, no es que se inauguró, sino que se mostró a pilotos veteranos y desde luego, se les permitió correr en los 2017 metros que tiene de longitud  igual a la pista que se  inauguró el 14 de julio de 1978.

Y los pilotos ya tienen sus ideas y pensamientos sobre cómo sintieron esta nueva pista y desde luego, consideran que ni se parece a la anterior en nada. Es decir, por más veteranos y técnicos que sean, habrá que aprender a manejar el volante y la pista. Queda mucho que hablar de esta nueva forma de correr en la pista del Parque Viva, el nuevo nombre de lo que fue el autódromo La Guácima,  nombre que nunca lo olvidaremos.

Sin embargo, iniciamos una nueva historia del automovilismo deportivo de Costa Rica, esperando que nunca más nadie vuelva a vender la vieja Guácima.

Un nuevo capítulo se abre a un deporte como el automovilismo y otros similares. Guardamos la esperanza, de que el nuevo autódromo, lo disfruten las nuevas generaciones y que no se dejen morir las excelentes capacidades de los pilotos costarricenses.

 

Periodista y editor en jefe de www.mundomotorizado.com con más de 50 años de experiencia en la cobertura de los Deportes de Motor, miembro por Costa Rica de la Federación Interamericana de Periodista del Automóvil, trabajó en La Nación, Excelsior, La Prensa Libre, y además en la revista Triunfo entre otros. Ha dado cobertura a cientos de eventos a nivel mundial donde ha visitado más de 30 países, pionero en la información de los motores en Costa Rica.

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