¿Quién será el primero en hacer el doblete?
HISTORIAS DE BALONES Y MOTORES
Ocurrió hace exactamente doce años, sobre la grama del Coliseo de Los Ángeles, en la final del Mundial de los Estados Unidos. Fueron segundos imborrables. Los integrantes del seleccionado brasileño no habían terminado de abrazarse en el centro del campo luego de su victoria en la tanda de penaltis ante Italia cuando desplegaron una pancarta con el siguiente mensaje: "Ayrton, acelera, el tetra es nuestro" o algo parecido si la memoria no nos falla.
Fue un momento electrizante. Era el mejor homenaje a la memoria del entonces recién fallecido Ayrton Senna, quien como la canarinha de fútbol, buscaba esa temporada su cuarto campeonato del mundo.
Hoy, en el clímax de la fiebre futbolística mundial, ofrecemos una curiosa estadística que vincula el ruido de los motores de Fórmula Uno con la magia del balón.
Y es que el fútbol y el automovilismo, estadísticamente comprobado, son las dos especialidades deportivas de mayor audiencia televisiva en todo el planeta, fuera, claro está, de los Juegos Olímpicos. Pasión común entre los aficionados de decenas de naciones en los cinco continentes los que una vez cada cuatro años comparten la coincidencia de disfrutar ambas disciplinas en su máxima expresión.
DOBLE TRIUNFO JAMAS CRISTALIZADO
Resulta por demás curioso advertir que en aquellos años de gloria de un seleccionado, pocas veces sus automovilistas estuvieron a la misma altura, situación similar en sentido contrario. Revisemos los casos.
En el génesis del Mundial de Fútbol, allá por 1930, Uruguay se adueñaba del cetro disputado en casa, y como es sensato suponer, ningún suramericano conducía un bólido en las pistas europeas. Luego vendrían las citas en Italia 1934 y Francia 1938, campeonatos que consagraron a la gloriosa Azzurra impulsada por el no menos entusiasta Benito Mussolini, mientras en el campo automotor, otro chico malo, Adolfo Hitler, disfrutaba los éxitos de Hans Stuck y Rudolf Caracciola en europeo de pilotos, galardón que era tan o más competitivo que las primeras ediciones de la Fórmula Uno oficial introducida en 1950.
La Segunda Guerra Mundial detuvo toda actividad deportiva la cual se reinició exactamente en la mitad del siglo XX, cuando los charrúas consiguieron en Brasil la hazaña más grande de la época, en tanto el italiano Giussepe Farina se consagraba como el primer monarca de la F1 moderna. Luego vino la cita en Suiza 1954, donde los alemanes - contra todo pronóstico - derrotaron a los húngaros, y en las pistas el argentino Juan Manuel Fangio se hacía con su segundo título, mientras la albiceleste ni siquiera acudía a Berna.
Siguió la era de los brasileños y de Edson Arantes Do Nascimento, Pelé, con triunfos en los mundiales de Suecia 58, Chile 62 y México 70, con una única interrupción en Inglaterra 66 donde el anfitrión se hizo con la Jules Rimet.
Entonces, en el período que va de la década del cincuenta a fines de los sesenta, dentro del contexto automovilístico internacional, Brasil no tenía peso. Los ingleses lo tuvieron algo más cerca, porque John Surtees y Graham Hill se quedaron con la corona de pilotos de 1964 y 1968 respectivamente, pero en 1966 fue el australiano Jack Brabham el mejor de la temporada. Antes, en 1958 y 1962, Mike Hawthorne y Graham Hill le daban a la reina Isabel II sus primeras alegrías en la Fórmula Uno.
CON FITTIPALDI, ADEUS FUTEBOL PARA BRASIL
En 1970 el austriaco Jochen Rindt alcanzaba el título póstumo como el mejor piloto de F-1. Sería entonces en las dos décadas comprendidas entre los setenta y ochenta cuando los automovilistas brasileños dejaron su huella en la escena mundial, llenando el vacío que su oncena no pudo colmar.
Ocho campeonatos del mundo de la mano de Emerson Fittipaldi (1972 y 1974), Nelson Piquet (1981-1983-1987) y del inolvidable Ayrton Senna (1988-1990-1991) marcaron la edad de oro de los volantes amazónicos, ciclo que se cierra de manera traumática con la muerte de Senna en 1994. En ese periplo fueron los alemanes, argentinos e italianos los que asumieron el mando del contexto futbolero.
En 1974 los germanos guiados por Franz Beckenbauer y Gerd Muller quebraron la resistencia de la naranja mecánica de Johann Cruyff. Vino entonces el empuje argentino con Mario Alberto Kempes en plan de goleador, arquero, en fin, de matador, para consagrarse ante los suyos en 1978, año en el que el también rioplatense Carlos Alberto Reutemann dispuso de una inmejorable ocasión para hacerse con el título de pilotos al volante de una Ferrari pero sólo culminó tercero, galardón que se llevó el italo-norteamericano Mario Andretti.
Para España 82, el combinado de Italia sacó la casta, mientras en el tema de conductores había cantidad mas no calidad, temporada automovilística que tuvo en el finlandés Keke Rosberg (el padre de Nico) a su inesperado número 1. En el segundo mundial realizado en México, correspondiente a 1986, si los franceses hubiesen contado con Diego Armando Maradona entonces la celebración era por partida doble, porque Alain Prost les daba a los galos la corona de pilotos. Entonces, Nelson Piquet sacaba sus propios cálculos y contaba con ganar el título de esa temporada porque, según sus estimaciones, "cuando la selección brasileña no gana en fútbol entonces lo hacen sus pilotos...". Erró por un año.
En Italia 90 los alemanes obtuvieron el tricampeonato y ni por asomo imaginaban que su flamante monarca de Fórmula 3 llamado Michael Schumacher, iba a iniciar a partir de 1994 su camino como el mayor ganador en la historia del automovilismo.
A la referida anécdota de Estados Unidos y el tetracampeonato del Scratch, llegamos al Mundial en Francia 98, donde los anfitriones completaron una faena de lujo a la vez que el finlandés Mika Hakkinen capturaba el primero de sus dos lauros en la máxima categoría del mundo del motor.
Y llegamos a la inédita reunión de Corea-Japón 2002, temporada en la que Schumacher igualó los cinco títulos de Juan Manuel Fangio, mientras la selección alemana caía ante la brasileña guiada por un pletórico Ronaldo.
MAL AUGURIO PARA ESPANA Y ALEMANIA
De continuar esta “tradición”, pues para Alemania 2006 los aficionados españoles y teutones deben mostrarse preocupados, al menos en el aspecto futbolístico, porque tanto el asturiano Fernando Alonso como el kaiser Michael Schumacher tienen la primera opción de agregar un nuevo cetro a sus trayectorias, aunque, como todo en la vida, siempre existe una primera vez, y nadie puede negar que tanto el combinado ibérico como el germánico tienen opciones de llegar a las instancias finales.
Claro que los brasileños son los más felices con esta historia, olvidándose de momento de los éxitos a 300 kms/h, concentrándose exclusivamente en el talento de Ronaldinho, Kaka, Ronaldo, Adriano y compañía, o de repente Beckham, Owen, Gerrard, Lampard y Rooney le brinden la mayor alegría a los hooligans, aunque argentinos, italianos, franceses y holandeses…
Por Octavio Estrada
Periodista y colaborador de MM.COM[/b]
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