27-08-2009
Redacción Automovil

La última generación del célebre roadster bávaro apunta no sólo a una ganancia práctica mediante el techo duro, sino a un notable dinamismo conseguido gracias al magnífico seis en línea biturbo. Un convertible muy divertido.
Unas formas más esculpidas, una línea más amable en sus proporciones que logra una figura ligeramente más bravía, bien coronada con parrilla más grande y grupos ópticos afilados, definen la renovación sutil pero sustanciosa del exitoso roadster de BMW.Así puede definirse al nuevo Z4, que aprovecha la plataforma de la eficiente Serie 3, con un diferente reparto de sus formas originales. Persiste el largo frontal, mientras el último volumen permanece corto a pesar de que sin el techo el Z4 luce mejor equilibrado al perfil.
Otra de las ventajas de este renovado convertible figura en el techo duro retráctil –realizado en aluminio como el cofre- cuyo tiempo de conversión de sólo 20 segundos vuelve el aire externo un deseado alivio de sus afortunados pasajeros. Gracias a la actualización, la reducida cabina del Z4 gana un 40% más de área de cristal, lo que reduce la sensación claustrofóbica del diminuto habitáculo.
En este apartado, los acabados destacan por su intachable calidad, siempre bendecidos con un minimalismo que encanta pero no seduce a todos. Por cierto, los mandos del aire acondicionado evocan a los dispuestos en el escaso y raro Z8, en tanto la posición al volante resulta casi perfecta para el entusiasta, con un volante grueso y fácil disposición de todos los mandos. No obstante todas las mejoras visibles, lo más atractivo palpita por debajo de la piel metálica del cofre.
DINAMISMO DIVERTIDO
La sola mención del seis en línea biturbo augura grandes Sorpresas al volante de un auto concebido para divertir como el Z4. Lúdico como pocos, al placer originado por la posibilidad descapotada se suma el notable desempeño del 3 litros turbocargado, cuya respuesta no sólo Sorprende por su extraordinaria linealidad durante la entrega de par y potencia, sino por las notas del escape, todo al superar las 4,000 rpm, donde el sonoro metálico endulza el oído e induce a seguir pisando aunque no se practiquen altas velocidades.
DOBLE EMBRAGUE
A todo ello hay que sumar la versatilidad de control que ofrece la nueva transmisión DKG. Diseñada como doble embrague, dispone de siete escalones y una inserción de engranes casi inmediata, por lo que la conducción con sabor deportivo está más que garantizada, obligada para el que se ponga a sus mandos. Porque el accionamiento de la caja se puede llevar desde el volante, con cómodas manetas adosadas al mismo (al contrario que en Porsche), o de la manera tradicional, con la palanca.
Además, hay que sumarle la posibilidad de tres programas: Normal, para obtener una actitud de automática común; Sport, para reacciones más vivas de la caja y manteniendo al motor por arriba de las 2,800 vueltas; y Sport Plus, donde todos los sistemas se coordinan para un comportamiento más rabioso e intenso, perfecto para nuestra carretera de montaña preferida o para la pista, donde incluso la desconexión del control de estabilidad dejar jugar un poco más, al punto de llegar al drifting. Si mantenemos todo bajo el control de la electrónica, sólo en circunstancias límite surge el subviraje protector inducido por diseño, aunque también condicionado por la gran nariz. En situaciones menos demandantes, la actitud es casi neutral.
A tono con estas cualidades atléticas acompaña una marcha ligeramente menos saltona que su antecesor, pero con un calibrado firme que puede cansar en tramos maltratados. En la ciudad, la gran nariz nos obliga a medir con tiento los pasos estrechos y obliga a ser precavidos en las calles de denso tráfico, ya que su baja altura lo vuelve invisible a automotores de gran tonelaje. Claro, tampoco es un auto que se confunda fácilmente; dondequiera que ruede o llegue, capta instantáneamente las miradas de todos, incluso de aquellos ajenos al mundillo de los autos. Sólo en contra figura un considerable consumo de combustible, pecado menor cuando se miran las emociones ganadas durante su conducción.
CONFIRMACIÓN
Como todo capricho, el precio a pagar hace reconsiderar nuestras necesidades emocionales antes que pragmáticas. Nuestro analizado exhibe una etiqueta de 65,700 dólares, la cual puede incrementarse sensiblemente si consideramos algunos opcionales como el sistema de navegación o rines más grandes. Una bonita cifra para un biplaza cuya única función es divertir y lucir a su dueño, que debe ser un declarado fanático de la marca del círculo ajedrezado. De otra manera, no se explicaría su compra.
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