Inspector de Coronado tiene el récord en partes a conductores
Mientras colegas hacen un promedio de 4.000 partes al año, él llega a 6.000
Oficial asegura que, casi a diario, soporta los insultos de muchos choferes
Nicolás Aguilar R. | naguilar@nacion.com
Publicado: 2009/10/04

Al oficial de Tránsito, Alberto Miguel Rojas Montero, no lo quieren, pero ni en pintura, en los cantones de Goicoechea, Tibás y Vázquez de Coronado, San José.
Adonde vaya, a pie o en su grúa, la cual extraña cuando se va a dormir, le gritan fuertes ofensas, le hacen gestos con los dedos y recibe diversas amenazas.
“Te los van a cortar”, “No llegarás a viejo”, “Te veré en el infierno” o “Cuidado te mordés porque de seguro te envenenas” son solo algunas de esas expresiones.
Otros, los menos, reconocen la trayectoria de este policía y lo felicitan efusivamente por su labor.
Estas reacciones de la ciudadanía no son obra de la casualidad, tampoco gratuitas.
Rojas, de 41 años, no es un agente cualquiera, sino el oficial récord de la Policía de Tránsito, con más de 6.000 partes al año.
Hasta el jueves, llevaba más de 2.600 boletas confeccionadas contra malos conductores, una cantidad e difícil de superar por otros agentes.
Según la Dirección de Operaciones de Tránsito, lo “normal” es que un oficial elabore unas 4.000 boletas al año, cifra que Rojas supera ampliamente.
“Yo, usualmente, hago más de 12 boletas por día, pero a veces son muchas más porque la gente ya no respeta la ley. Ahora hay muchos carajillos jugando de vivos al volante y no puede ser”, dijo Rojas, quien se integró a este cuerpo policial en febrero de 1986.
“Andábamos a pie y ni teníamos radios. Uno de mis hermanos me regaló un radio de comunicación viejo, le puse la frecuencia de Tránsito y así me convertí en el primer oficial en usarlo”, recordó.
La mañana del pasado jueves sonreía, no cabía de felicidad por el cumplimiento de su deber. Llegó por sorpresa frente a la Clínica Clorito Picado, en Cinco Esquinas de Tibás, y, en un abrir y cerrar de ojos, levantó partes y se llevó dos autos encadenados con su grúa.
“Aquí es tremendo, hacen una fila en media calle y se hacen grandes presas. Lo peor es que hay delincuentes que se aprovechan para robarle a la gente”, advirtió.
Por acciones como esa, debe andar con mucho cuidado porque, reconoció, “hay gente que no me quiere y me la tiene jurada”.
“El caso más grave fue hace poco cuando parece que alguien quería matarme y gente de la Policía Judicial me puso en alerta”, dijo.
Pero nada lo amedrenta. Lo normal es que, tras ocho horas de trabajo en el Tránsito, permanezca hasta la madrugada durante operativos con la Fuerza Pública.
“Soy un ceñido”, afirmó.
Enemigo del soborno. Rojas es un hombre de pocas palabras.
La mayor parte del tiempo está serio y, según reconoció, “es de muy malas pulgas”.
Pero si hay algo que lo enfurece es el intento de soborno.
“Habrá oficiales que aceptan el soborno, pero yo no. A mí me enferma esa cochinada. Yo soy un oficial insobornable, un ceñido de mi trabajo, gracias a Dios”, exclamó alzando los brazos.
Los ofrecimientos de dinero y otras cosas, como almuerzos y repuestos, son cada vez más frecuentes en este oficio, añadió.
“Están, por ejemplo, los extranjeros que alquilan autos. Uno los para y casi siempre sacan un billete porque saben que algunos lo cogen, pero yo jamás, primero muerto”, enfatizó Rojas.
Reveló que la mayoría de las infracciones son contra adolescentes y jóvenes sin licencia. “Hay carajillos que ponen en peligro la vida de gente inocente y yo los paro en raya...”. Les siguen las boletas contra choferes ebrios, casi siempre “hijos de papi” (personas con dinero) que, con frecuencia, dicen conocer a un alto funcionario del Gobierno o a un diputado. “Esos dan risa e igual les hago el parte...”, añadió.
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